La Ruta del Kadagua

El río Kadagua irrumpe en Enkarterri por Balmaseda y nos guía por un recorrido jalonado de secretos, rincones con encanto y naturaleza a raudales.

Hablar del río Kadagua es tanto como hacerlo de Enkarterri. Sus aguas –a la vez testigo y motor de la historia– saludaron a mercaderes y peregrinos, se tiñeron de rojo en la Edad Media y vieron construir majestuosos palacetes y mansiones. Hoy nos guían por un recorrido jalonado de secretos, rincones con encanto y naturaleza a raudales.

El Kadagua irrumpe en Enkarterri por Balmaseda, la primera villa fundada en Bizkaia (1199), y lo hace con tanta fuerza que su corriente permitió accionar en el siglo XIX la sofisticada maquinaria de la Fábrica Museo La Encartada. Es el punto de inicio de nuestro recorrido, un viaje en el tiempo por los albores de la industrialización en Euskadi y la historia de nuestra prenda más distintiva: la txapela.

La fábrica, reconvertida en museo, permanece en nuestros tal cual se inauguró. Las poleas, las correas y los telares aún funcionan a la perfección y, junto con la decoración de época de las estancias, nos transportan al origen de la afamada tradición textil de Enkarterri.

El casco histórico de Balmaseda nos recibe al otro lado del puente medieval, antaño encrucijada de caminos y paso obligado desde la costa al interior. Los mercaderes que lo cruzaban pagaban un peaje por sus mercancías y así la villa creció al calor del comercio.

Sus callejuelas son el mejor exponente de una historia centenaria. En ellas conviven en armonía los más diversos estilos arquitectónicos: la iglesia de San Severino, gótica; palacetes barrocos como los de Horcasitas y Urrutia; o
la casa consistorial, conocida como ‘La mezquita’ por su gran pórtico de inspiración mudéjar.

Dos museos, dedicados a la historia de la villa y a su afamada Semana Santa, nos guían por las tradiciones del lugar. El Vía Crucis balmasedano, conocido por el impresionante realismo de su crucifixión, es sin duda la Pasión Viviente más célebre de Euskadi y una cita cultural de referencia.

La ruta sigue el curso del Kadagua hasta la vecina Zalla. El área recreativa de Bolumburu, junto al río, es perfecta para
hacer un alto, reponer fuerzas y descubrir su conjunto monumental, formado por una casa torre, la ermita de Santa Ana, las ruinas de una ferrería y las murallas de un castro de la Edad de Hierro. Es uno de los primeros testimonios de vida en Enkarterri.

Zalla, tierra de embrujos exorcismos, atrajo durante siglos a caminantes de la procedencia más dispar. Fue parte de la Ruta de la Lana y parada obligada entre los peregrinos que recorrían el viejo Camino de la Montaña. Cuenta la leyenda que, al poner un pie en la ermita de San Pedro de Zarikete, hallaban protección frente al mal de ojo. En la de
 San Pantaleón, lugar donde la Inquisición quemó a Lucía de Aretxaga por brujería, se libraban de jaquecas y consunciones.

Enkarterri sufrió en la Edad media cruentísimas guerras banderizas de las que guardan testimonio las casas-torre que pueblan la comarca. El palacio de Murga, sede del Ayuntamiento de Zalla, fue
en sus orígenes una fortaleza defensiva transformada con los siglos en la mansión barroca que es hoy. Se encuentra en pleno centro del municipio, en un jardín repleto de árboles exóticos.

En Güeñes, por el contrario, encontramos los vestigios de una época de mayor esplendor. La iglesia de Santa María, con su infinidad de ornamentos góticos y renacentistas, es una de las grandes joyas arquitectónicas de la comarca. También lo es Villa Urrutia, la actual casa consistorial. En sus jardines se encuentra ARENATZarte, un parque de esculturas al aire libre con amplias zonas de juegos para niños.

Su historia es la de la búsqueda del Dorado en las Américas. El indiano Leandro Urrutia, enriquecido en México, mandó construir la espectacular mansión y traer árboles y plantas de los países más lejanos. Los paseos respiran un aire romántico inglés, con su pérgola, las antiguas casas del servicio y un pequeño estanque, e invitan al sosiego o la lectura.

Los indianos hicieron de la sofisticación y la elegancia sus señas de identidad. La suntuosidad y la extravagancia de las mansiones, con amplios jardines y una arquitectura revolucionaria para la época, dominan cada rincón de Gordexola. Atraídos por su éxito, miles de jóvenes se lanzaron a hacer las Américas, pero muy pocos compartieron semejante fortuna.

El Kadagua se despide de Enkarterri en Alonsotegi, uno de los lugares más abruptos de Bizkaia. El municipio se encuentra a los pies del Ganekogorta o el Pagasarri y es visita obligada para los amantes de la naturaleza. En la cima de este último podemos ver varias neveras del siglo XVII, entonces un excepcional conservante de alimentos. El hielo era tan apreciado que los lugareños imploraban las nieves en ermitas como la de San Antolín, del siglo XV.

El río continúa su curso hasta desembocar en la ría de Bilbao. Atrás deja una comarca que, sin olvidar sus orígenes, conjuga como ninguna otra el recuerdo de la historia, la cercanía de la ciudad y el inmenso potencial de la naturaleza.

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