Pasión Viviente de Balmaseda

Resultaría imposible buscar una mejor definición a lo que sucede en la villa de Balmaseda durante esa época que llamamos Semana Santa que la que se desprende de esas dos palabras que, unidas, desprenden una fuerza inigualable: Pasión Viviente.

Celosas de su tradición, las gentes de Balmaseda se vuelcan cada año en la representación dramática de los últimos momentos de la vida de Jesús de Nazaret en la escenificación de la Pasión Viviente.

Todo comienza con la última cena. Jesús advierte a sus discípulos que el final está cerca, que ha sido traicionado por uno de ellos. Luego, en el Monte de los Olivos es detenido y conducido ante Caifás y de éste, a Pilato, quien a pesar de no encontrar culpabilidad alguna en él lo condena.

Judas, solitario y angustiado, abandona la vida por su propia mano mientras Jesús inicia su Vía Crucis. Toda la tensión de ese suplicio encuentra su clímax en el monte Calvario, donde muere crucificado. Mientras su cuerpo es llevado hacia el sepulcro finaliza la pasión. ¿Cuántas veces hemos oído esta historia? ¿Cuándo no nos ha conmovido?

Esta vez Jesús puede ser un obrero o un administrativo o un funcionario o un empresario, lo mismo que Judas o Caifás. A Pilato le vemos cualquier día paseando por el pueblo pero es Semana Santa, es Pilato y te desazonará.

Actores y actrices no profesionales con una pasión más allá de lo profesional. Escenarios de todos los días nunca vistos, religiosidad a flor de piel.

Un espectáculo tan atractivo cita a miles de personas todos los años que, provenientes de los lugares más lejanos, se acercan a Balmaseda para ver la representación de Jueves y Viernes Santo.

El origen de la Pasión Viviente se adentra en el siglo XIX, siendo desconocida la fecha exacta del inicio, si bien la tradición la sitúa en el siglo XV.

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