Paisaje industrial de la cuenca del Barbadun 

Te damos la bienvenida a la cuenca del río Barbadun, escenario de naturaleza e ingenio humano: 15 kilómetros de río que vertebran los municipios de Artzentales, Sopuerta, Galdames y Muskiz. Un espacio de progreso, innovación y resiliencia que narra siglos de asentamiento colectivo y de actividad productiva.

El agua, dadora de vida y de riqueza, es el hilo conductor de la historia que transformó este valle: una red de fábricas conectadas con el mar a través del antiguo puerto de Somorrostro, allí donde confluyen lo salado y lo dulce. La clave de este paisaje reside en el aprovechamiento intensivo de la fuerza hidráulica. Gracias a una ingeniosa red de presas, canales, anteparas y estoldas, el río Barbadun y sus afluentes dieron vida a ferrerías y molinos desde finales de la Edad Media hasta bien entrado el siglo XX. A diferencia de otros valles, aquí muchos ingenios fueron abandonados sin ser reconvertidos en fábricas, lo que ha permitido que su huella original llegue hasta hoy casi intacta. El conjunto se completa con una red de caminos y puentes de piedra —como los de la Olla, Llantada, Laiseka y El Carral— que vinculaban las unidades productivas con las antiguas calzadas y el ferrocarril minero, hoy convertido en vía verde.

El paisaje industrial de la cuenca del Barbadun fue reconocido en 2017 como Bien Cultural con la categoría de Conjun­to Monumental.

Itinerario del Barbadun: del monte al mar

[Infografía del itinerario del Barbadun, del monte al mar]

Fandería de Olabarrieta

[Imagen de la Fandería de Olabarrieta]

Se accede a través de un sendero que nace en la Vía Verde Montes de Hierro-Burdinmendi. Adentrarse en este pequeño desvío merece la pena, pues desvela un conjunto hidráulico sorprendentemente singular, donde la espesura de los árboles y el susurro del agua esculpen un remanso de paz, memoria y cultura.

Una fandería era una instalación metalúrgica destinada a la producción de piezas como flejes de hierro, clavos o cinchos para cubas, material con un nicho de mercado crucial en las Reales Fábricas para el sector naval. El interior del taller albergaba dos máquinas esenciales: una que laminaba el metal y otra que lo cortaba, con el doble objetivo de refinar la calidad del producto y abaratar los costes de mano de obra y carbón.

Propiedad y gestión

Desde al menos el siglo XVII existían aquí un molino y una ferrería de la familia de San Juan de Santa Cruz. En 1762, el comerciante bilbaíno José Ignacio Gallatebeitia fundó una sociedad comercial —junto a su esposa María Nicolasa de Larracoechea y otros familiares— para poner en marcha la fandería. La fábrica se mantuvo activa entre 1790 y 1803, siendo José Estanislao, hijo del matrimonio, quien gestionó su cierre definitivo.

Patrimonio conservado

Se conservan los restos de una presa, un canal y una gran antepara, con un llamativo tajamar en piedra que dividía el agua hacia los dos canales del taller. Destaca también la ruina del taller de trabajo, con su horno de reverbero, un edificio anexo de almacén, las carboneras y una monumental escalera de piedra de doble tiro, todo ello levantado en mampostería de excelente factura.

Ferrería y molino de Valdibian

[Imagen de la Ferrería y Molino de Valdibian]

Se localiza en el límite entre Galdames y Sopuerta, cerca de las ferrerías de El Pobal y La Olla. Aunque pudo estar activa desde el siglo XV, su primera referencia documental data de 1575. Tras una crisis que la dejó inactiva durante más de veinte años, su reactivación en 1680 de la mano de la familia Salazar marcó el inicio de la recuperación de la industria del hierro en el valle de Galdames, viviendo su momento de mayor esplendor durante el siglo XVIII.

Tras la Guerra de Independencia volvió a funcionar de forma intermitente hasta sus últimas referencias documentales, en el periodo 1838-1839. Hacia 1856 la ferrería fue desmantelada y su infraestructura hidráulica se reaprovechó para construir el molino que hoy disfrutamos.

Propiedad y gestión

Entre los siglos XVI y XVII la propiedad estuvo dividida entre varios dueños, hasta que en el XVIII la familia Salazar se hizo con ella en exclusiva, con Manuel de Salazar y Salamanca como propietario único en 1732. La gestión varió con el tiempo entre el arrendamiento y la contratación de administradores o mayordomos.

Patrimonio conservado

Se conserva el antiguo edificio de la ferrería —hoy usado como cuadra y almacén— junto a los muros de las carboneras. Su infraestructura hidráulica, con una presa de arco y un canal de 600 metros de longitud, sigue en marcha: hoy mueve el banco de molienda, las muelas, las tolvas y los rodetes de hierro que convierten el grano en harina.

Conjunto ferromolinero de La Olla

[Imagen del Conjunto Ferromolinero de La Olla]

Situado en Galdames, en la margen derecha del Barbadun, entre las ferrerías de El Pobal y Valdibian. Aunque el paraje se compró en 1695, la construcción no llegó hasta principios del siglo XVIII, para sustituir a la fracasada ferrería de Cotorrio. Funcionó de manera continua durante casi todo el siglo, siendo, junto a Valdibian, una de las únicas ferrerías que sobrevivieron en Galdames. Hacia 1850 sus instalaciones se desmontaron para construir molinos harineros, aprovechando la presa y el cauce.

Propiedad y gestión

Perteneció a las familias Salazar y Taramona hasta que, en el siglo XIX, pasó a manos de la familia San Ginés. Su primera dueña y constructora fue Ana María de Amez Llano; a mediados del siglo XIX, Mariano de San Ginés desmontó las instalaciones para levantar el molino harinero.

Patrimonio conservado

La Olla es una de las ferrerías-molino con mayor número de estructuras originales conservadas: su presa de gravedad en piedra de sillería, el canal de abastecimiento en mampostería y un imponente puente de medio punto que da acceso al conjunto de talleres, carboneras y almacenes.

Ferrería de El Pobal

[Imagen de la Ferrería de El Pobal]

En la zona minera se encuentra la ferrería de El Pobal, una fábrica hidráulica en la que se trabajaba el mineral de hierro para convertirlo en metal y elaborar todo tipo de herramientas —rejas de arado, martillos, azadas, picachones...— y útiles de uso doméstico. Fue construida a comienzos del siglo XVI por el linaje banderizo que dominaba la comarca desde el Castillo de Muñatones: los Salazar.

Su época de máximo esplendor corresponde a finales del siglo XVII, cuando se amplió el taller y se reconstruyeron la presa, el canal, la antepara y el túnel hidráulico. Sin embargo, buena parte de las construcciones y maquinaria que podemos ver hoy —la fragua, las carboneras, los fuelles de piedra, el martillo o el yunque— son de finales del siglo XIX, fruto de las reformas de los últimos ferrones para seguir siendo competitivos. Con estos cambios, la ferrería permaneció en funcionamiento hasta 1965.

Complejo productivo

En torno a la ferrería se articulaba un complejo formado por la vivienda de los ferrones —en origen con aspecto de casa torre—, el molino, con dos pares de piedras para moler trigo y maíz, el horno de pan, las huertas y los montes de donde se abastecían de carbón y madera.

Patrimonio conservado

Abierto al público desde 2004, El Pobal es un museo vivo de dos de las actividades preindustriales más importantes de Bizkaia: la fabricación del hierro y la molinería. A orillas del río Barbadun, quienes visiten este entorno podrán disfrutar de la puesta en marcha de los dos ingenios hidráulicos.

La desembocadura: el puerto de Lavalle y los barcos de San Julián

[Imagen del puerto de Lavalle y la iglesia de San Julián]

A los pies de la iglesia de San Julián se encontraba Lavalle, el tramo más profundo y resguardado del estuario y principal puerto de la ría del Barbadun hace dos siglos, desde donde se embarcaba gran parte del mineral de hierro procedente de los montes de Triano hacia ferrerías y puertos de todo el Cantábrico.

La iglesia fue el centro político, social y religioso del antiguo concejo de Muskiz: allí se reunían los vecinos, se custodiaban las balanzas del puerto y tenía su sede la Cofradía de Mareantes de San Nicolás. Su patronato estuvo ligado durante siglos a los grandes linajes del territorio, empezando por los Salazar de Muñatones.

Los barcos grabados

En 2021 se descubrió en la antigua puerta sur de San Julián un excepcional conjunto de barcos, nombres y símbolos grabados en madera, datado entre mediados del siglo XVIII y principios del XIX. Los investigadores lo interpretan como una tradición de exvotos marineros: ofrendas para pedir protección o agradecer un viaje concluido con éxito. Las hojas de la puerta se conservan hoy en la Ferrería de El Pobal.

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